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martes, 24 de marzo de 2009

Llega el final de occidente: la Harley en crisis

Hoy se han producido numerosos indicios de la decadencia de occidente. Considero la derrota de Aguirre en su enésima batalla por la Caja y dispongo de nuevos datos que avalan que Zapatero miente cuando habla de los créditos ICO. Benedicto está irritado y ofendido por mis textos (y los vuestros). En el paroxismo de la decadencia, las bolsas suben porque los USA ya superan el nivel de propiedades del extinto estado soviético.

Pero la noticia definitiva llegó el domingo. El New York Times, segundo faro y guía de Occidente, lo anunciaba: se hunde la Harley Davidson. Los vendedores están despidiendo trabajadores; han disminuido sus beneficios en un 30%; sus deudas han aumentado y su valor en bolsa se ha reducido en el 70%.

El pensamiento moderno ha cabalgado durante décadas, como los viejos hippies y los no menos viejos luchadores contra la guerra de Vietnam, a lomo del caballo descubierto en Easy Rider, la Harley.

No importa que estos chicos hayan acabado siendo los banqueros y directivos de la decadencia, mientras no dejaban de comprar motos para revivir, en su prejubilación, pasiones juveniles porque lo cantó Dylan: lo natural son los sueños. Hasta que, eso sí, la ciática, la crisis y la bolsa han acabado con sus ahorros.

No importa porque el mundo moderno se construyó viajando. Primero, los bardos. Luego, los poetas, finalmente los moteros o el Chevy. La literatura y la ciencia, mucho antes de ser llamadas así, pertenecían a los que trotaban por el mundo redamando versos y haciendo correr ideas y comercio. El viaje era el progreso y la carretera inevitable.

Hay que reconocer que la Harley era una emoción igualitaria que, por veinte mil dólares, podían compartir personas con tatuajes y pelo largo, médicos y abogados, porteros y neurocirujanos. Pero estos chicos se han quedado sin fondo de pensiones y la Harley se va a la mierda.
Ha sobrevivido a la Gran Depresión y a las motos japonesas pero parece que la jubilación y crisis de la generación de Easy Rider ha acabado con su mercado. Ha declarado un tal Gregory Carpenter, al que nunca había tenido el gusto de leer y, probablemente, nunca vuelva a hacerlo que: “para crecery prosperar debe crear el mismo profundo vínculo emocional con los jóvenes." (Vale, otro día hablamos de lo listos que son estos gurús de la cosa comercial).

Sin Harley, sin moteros de verdad, se consumen los hippies, se acaba occidente. Otro mundo está naciendo. Necesitamos la moto del futuro, ¿o quizá es que ya no habrá carreteras y viajes iniciáticos?

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