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viernes, 18 de mayo de 2018

La derrota de “la izquierda cuqui”


28 de Diciembre 2017.ED

Cuando éramos jóvenes había una “gauche divine” y una “izquierda del caviar”. Es decir, una pequeña fracción de la socialdemocracia que vivía de cine, gestionando las múltiples variantes del estado del bienestar.

Tras la crisis, lo que viene a ser la izquierda pija o jubilada se pasó a la política de la ira. Al grito de populismo es transversalidad, y apoyados en modernísimos paradigmas, importados por notables y venales becarios universitarios, la izquierda aparente se puso a abrazar todas las causas que hundieran al sistema que, naturalmente, se encontraba al borde del último estertor.

Anticapitalista, antipartido, antisindicato, antieropea, antiestado y antinación (excepto las naciones “cuqui”, naturalmente), la izquierda de verdad verdadera orilló todas las viejunas causas para abrazar nuevos credos de todo tipo y naturaleza para ser “cuqui”.

No ha habido novedad en el mercado de la izquierda postmaterialista de balnerario que no se haya comprado. Y no había – por supuesto, también esto era mentira- izquierda más avanzada y postmaterialista que la catalana. Y no la ruralizquierda del Ebro para abajo, faltaría más

Cataluña ha acabado con la “izquierda cuqui” y la ha puesto ante el espejo de la ira y la irrelevancia, Toca hablar, de verdad, de la vieja esperanza de la igualdad

Cataluña ha determinado lo que, probablemente, siempre supimos y no nos atrevíamos a decir, por ser “cuquis” o por no molestar: que lo de ser más de izquierdas que nadie es pura retórica.

Los “anticapis”, que son de izquierdas los días impares, 4,4%. Los comunes, el más “cuqui” de los populismos, 7,4% (por debajo de la viejuna Iniciativa); el PSC, el 13,9%. Para que me entiendan, entre todos, una cuarta parte del electorado. O sea, menos que en Andalucía, Extremadura, las castillas, el levante o cualquier otra parte. Pero, eso si, lo”cuqui” era ser medio “indepe”. Lo dramático es que, uno a uno o en su conjunto, la izquierda catalana es irrelevante.

Convendría que la izquierda – además de sumar agravio contra la derecha- empezara a construir un proyecto que recupere la vieja aspiración de la igualdad. Mientras, con un brioso crecimiento del tres por ciento, incapaz de generar salarios decentes, trabajo estable o cosas parecidas, la izquierda se ocupa de lo importante: hacer naciones, construir tics antieuropeso  jorobar a los católicos y hacer tuits llenos de odio, mientras presume de pacifismo.

¿Creen Ustedes que esto es cosa catalán que no es la situación española? Entonces es que no han visto lo innecesario que se ha vuelto Podemos – de hecho se puede cualquier cosa sin ellos-, la desaparición de Izquierda Unida y las vías de agua de Sánchez.


Hemos aprendido de las tontunas de Varoufakis y las derechas extremas que hemos dejado las banderas nacionales a las derechas y estamos a punto de dejar la europea. Sabemos, desde que aceptamos el desprecio al sindicato, que la preocupación por el deterioro de las clases medias ha dejado tirados a desempleados y trabajadores pobres (especialmente a mujeres). Conocemos, aunque miremos para otro lado que la gestión urbana del cambio no mejora las condiciones de igualdad, varadas las políticas de vivienda, los salarios indirectos, los costes de movilidad.

La derrota de la izquierda en Cataluña no ha sido a manos del “cuquipopulismo” sino de una formación que, miren Ustedes, no repugna al votante de la izquierda sea socialdemócrata o postmaterialista, del todo verde.

Los socialistas tienen una notable responsabilidad, ante la ausencia de competencia. Pueden jugar al tacticismo: si hay dos derechas, igual la ley electoral echa una mano. O puede hacer política: definir una nueva identidad socialdemócrata.

A lo mejor, la derrota de la “izquierda cuqui” libera del pánico escénico al socialismo que solo pretende obtener los segundos peores resultados de la historia, tipo Iceta, y se pone a hacer política, que falta hace.