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viernes, 1 de julio de 2016

¿Y si no son los viejos y cobardes?

La ira vuelve necia a la persona más ilustrada. Una periodista y escritora de Podemos ha escrito: "11 millones de viejos. Y obstaculizando el voto de los jóvenes inmigrantes". De la edad de la ilustre señora se deduce que la vejez que molesta no es la de Podemos sino la que osa, qué escándalo, no votar a Podemos

Menos sutil que la fallida candidata, la muchachada, una vez que el ambiente electoral permite el retorno de la ira, ha añadido notables discursos sobre la vejez y el pueblo. Desde asertos filonazis a la recuperación de la palabra "subnormal" para referirse al pueblo. Vienes a ser que los viejos son imbéciles, desinformados y cobardes cómplices de las cloacas del estado. Manada que no se cree las televisiones que la muchachada ocupa.

¿Y si no fueran los viejos? ( Las viejas han desaparecido del relato, o lo del lenguaje de igualdad se nos da mal o todas votan Podemos). La clave de estas elecciones no han sido los que han votado sino quienes no han concurrido. No son los viejos y las viejas, por mucho que la estupidez airada insista. El voto determinante, el volatilizado, es el voto de IU y del propio Podemos.

La clave de estas elecciones es un electorado menor de 45 años, formado, de renta media o alta, ideologizado, con más experiencia de lucha social y sindical que cualquiera de los modernos y modernas jabatos de catálogo.

El relato de lo ocurrido puede apoyarse en algo de historia reciente. Cosa que ignora la nueva política, que tiende a creer que nada ocurrió antes de ayer. En 1996, IU obtuvo 2,6 millones de votos; en la investidura de Aznar, Anguita se nombró única izquierda y profetizó el "sorpasso". En 1997, incorporó la República a la agenda política. En 1998, apoyó el Pacto de Liarra y defendió la autodeterminación. En 1999, IU perdió un millón cien mil votos.

Quiere esto decir que cualquier viejo lerdo sabe que el votante de IU rechaza el conflicto de izquierda que da paso a la derecha, las agendas que ignoran la cuestión social y los nacionalismos radicales. Rechaza el desprecio a la socialdemocracia y, desde luego, él pesebrismo del que ha hecho gala Garzón.

Si no se cuentan las confluencias ( Galicia, Catalunya y Valencia), Podemos obtiene votos en el entorno del 13%, menos que Anguita en el 96 y lo que IU obtenía en situaciones normales.

Si uno quiere ser socialdemócrata en lugar de los socialdemócratas, debiera aprender dos cosas. Una, que lo que define a esa corriente ideológica es la búsqueda del acuerdo social destrozado por la austeridad y no el conflicto como gestión de la crisis. Otra, que los votantes de izquierda aman la revuelta pero quieren un gobierno al que combatir, no la ausencia de gobierno,

La ira siempre es extrema, y lo extremo no da para más, si se hace desde la izquierda, como ya advirtió Errejón, El problema es que cosas como Nueva España, Patria y movimiento, en lugar de partido, igual suena tan rancio que vale para la irá pequeño burguesa pero no para hacer mayorías.

La ruptura demográfica ha sido invocada en todo el reciente ciclo electoral europeo. Pero no está tan claro si el asunto es de edad o de expectativas, es decir de rentas. No; no han sido los viejos y cobardes. El error es de quienes soñaron ira, pastorear formaciones ajenas o alimentar pesebres.