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sábado, 12 de diciembre de 2015

Cuaderno de campaña (X): Cuentos de clase media.

Mimar a la clase media es la consigna de campaña. Rebajas fiscales de todo tipo y subvenciones mil; subsidios para sus hijos; defensa de los regalos ya consolidados como la educación concertada; prolongación sin impuestos de la vida laboral de funcionarios y aún queda una semana.

Resulta sorprendente e incluso hiriente que la cmapaña que se celebra con peores cifras de empleo sea la campaña de la desaparición del trabajo . Los trabajadores solo recibirán salario mínimo como beneficio de campaña y los parados y paradas, asistencialismo. No solo ha desaparecido en trabajo, también lo han hecho sus representantes. No corren buenos tiempos para los agentes sociales.

Los emergentes, a los que se han sumado los nuevos radicales del comunismo realmente existente que también desprecian a las organizaciones sindicales,  le han hecho un favor a la vieja política: privarles de los incómodos sindicatos. Para lo nuevo, la bipolarización sindical es tan perversa como  el bipartidismo.

Tras intentar en vano construir un sindicato en lugar del sindicato, a partir de rescoldos tan críticos como penosamente clientelares de  CC.OO, parece que la estrategia no pasa por construir alternativas de universitarios sindicalistas sino por despreciar a las organizaciones sociales. Total, si no hay política para  el trabajo para que querer interlocutores en el mundo del trabajo.

La campaña, abandonados los sectores sociales que no aportan votos a las causas nuevas o de la derecha, se desliza a una colección de propuestas para la clase media, a la que se supone centrada aunque enojada, y de la que todo el mundo se reclama: unos, los de la vieja política, de los padres y otros, los nuevos, de sus hijos e hijas cabreados.

Así pues, no hacen falta muchas propuestas; lo que se necesitan son historias de cambio poco comprometidas, con evidentes beneficios sean fiscales, salariales o de pensiones, y poca ideología. Es decir, discutamos sobre “la pinta”, sobre los “trajes” y cosas así de comprometidas, Ustedes me entienden.

Por eso Susana Díaz ha acertado al marcar la estrategia de campaña al candidato de su partido: “Si no tienen historias, que tampoco tengan cuentos”. Así que no es descartable que lo que queda de campaña sea una disputa entre cuentacuentos y gente fastidiando las historias que cuentan los emergentes.

No será fácil. Los cuentacuentos políticos han devenido en auténticos profesionales. Véase, si no, ese gran Alcalde zaragozano que acude a los mítines de dos fuerzas políticas que compiten, en lo que viene a ser el cuento de una alcaldía ecuménica.

Alcaldes y alcaldesas que dicen a todo el mundo lo que quiere oír, que reparten caramelos en todas las collas, cambios que no lo son, promesas que no se garantiza serán cumplidas. Cuentos de clase media, en fin.