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jueves, 22 de octubre de 2015

Programas electorales: que las empresas no paguen los salarios.

La cosa es que la gente viva bien pero que las empresas no paguen su salario. De eso van los programas electorales si Ustedes lo piensan en detalle.

Todas las políticas que se nos proponen, incluidas las del PP no vayan a creer, se inspiran en la “antiausteridad”, en mayor o menor grado.  Ahora bien, a la hora de administrar estas propuestas, no encontrarán en los programas, en ninguno, medidas que reconduzcan la devaluación interna – la brutal reducción de costes salariales – que, a golpe de desempleo, reforma laboral y agresiones sindicales, se ha producido en España.

Es un hecho comúnmente aceptado que esto ha provocado una debilidad del consumo que ha afectado a la actividad económica, y ha generado unos niveles de desigualdad salarial tan desconocidos como inaceptables.

Aunque no lo dicen, los programas de las formaciones políticas consideran en primer lugar cuanto debemos ganar: Todos creen que un poco menos que mileuristas.

El complemento salarial de Ciudadanos para las rentas más bajas deja el salario justo por debajo de mil; 900 es lo que pone Podemos para su complemento a las familias y 900 es el salario que Garzón quiere para sus empleos públicos. Algo menos de 900 es lo que Pedro Sánchez pone a su salario mínimo.

Si Usted fuera un antiguo, con algún perverso conocimiento de economía, se plantearía si este salario se puede vincular a la productividad; si las empresas necesitarán algún estímulo o cosas parecidas. Ah, pero es que Usted razona “viejunamente”, estimado y estimada. No es la empresa quien paga; es el estado.

Podemos pone una renta básica que, al dejar de ser universal, pasa a ser el ingreso mínimo vital del PSOE. IU también pone ingresos mínimos como el PSOE, porque su trabajo público garantizado solo alcanza a un millón de empleos, una cuarta parte de los que están sin trabajo. Ciudadanos se pasa a la compensación fiscal del salario.

En una palabra, los partidos políticos del cambio proponen a las empresas que sigan bajando salarios: si el estado compensa ¿para que van a subir sus costes?

Más allá de que las cuentas públicas den para tanto, la subvención del salario y la extensión en diversas formas de los sistemas de rentas mínimas suponen abandonar la centralidad del empleo decente como fuente de derechos y obligaciones cívicas. Los ingresos se desconectan del trabajo. Nuestra renta, nuestros derechos, el respeto, no nacerán del trabajo sino de nuestra capacidad de consumo.
 
Los programas electorales han aceptado un escenario donde el crecimiento no crea empleo. Preven un futuro como hoy:  lo que ahora es el abandono de la mujer del merado de trabajo (que permite la reducción actual del desempleo) se proyecta a la legislatura. Hemos renunciado no solo a que las empresas paguen salario. También a crear empleos privados.

O Subvencionados o emprendedores. El que tenga una empresa con trabajadores y trabajadoras que la exprima, que la exprima.