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miércoles, 2 de octubre de 2013

Populismo o memoria

Un tipo habitualmente razonable puede, en estos días confusos, tener un momento populista, faltaría más. Eso le ha debido pasar a @FjavierLopezM esta mañana cuando nos ha deseado buenos días con la foto combativa de un lema: “Tu y yo aprendimos a leer gracias a un maestro no gracias a un Diputado”.

Lo que tienen los lemas creativos, incluso si suenan reaccionarios, es que son buenos. Tiene razón @FjavierlopezM: yo no aprendí a leer gracias a un Diputado porque, cuando yo aprendí a leer, no había diputados.

Como no me cabe la menor duda que el desafortunado caballero no quiere el regreso de aquellos a los que ha combatido y combate cada minuto, solo puedo recordar la mala suerte que suele acompañar al escritor de textos cortos. Lo tiene escrito Mark Twain: si vas rápido, escribe largo para que se te entienda bien.

El combativo y populista lema me ha recordado a los diputados de la República, de la izquierda y de buena parte de la derecha, que asumieron como reto la alfabetización del país.

Me ha recordado, porque a esos si los conocí, a los concejales del 79 que asumieron, de forma impropia como los de UPyD dicen, la tarea de convertir las ciudades en educadoras.

Me ha recordado a los diputados y diputadas de las primeras legislaturas que asumieron que el cambio de España era un cambio educativo.

Podría yo haber escrito que aprendí a leer con un maestro y no con un sindicalista. Pero hubiera sido falso: vengo de un tiempo donde un sindicalista (clandestino y con años de cárcel, eso si) me enseñó a leer el mundo. Quizá por eso no suelo solicitar que supriman subvenciones o demás apoyos a los sindicatos.

Los portavoces oficiales de la izquierda mediática se apuntaron antes de ayer al populismo antipolítico. El mundo sextero dedicó horas a recordar que, fíjese usted que escándalo, aumentaban las subvenciones a los partidos políticos. Naturalmente se olvidaron de decir que hay elecciones. Quizá porque al arbitrismo ilustrado también le sobran las elecciones.

Y las elecciones, señoras y señores que me leen, cuestan pasta. Quizá prefieran que volvamos a aquellos días donde solo hacían política los ricos, donde no se pagaba a los presidentes de mesa o secretarios, para que el pucherazo fuera más fácil.

Pero, donde va a parar: lo bien que queda meterse con los diputados. No dejemos que la memoria nos estropee un lema creativo. Lo cierto es que cuando no hay diputados tampoco suele haber maestros pero esa es una idea demasiado larga para estos tiempos.

No cabe en un twitter populista: muerte a los diputados, pero escrito sin falta de ortografía gracias a los maestros. Yo no les aocnsejaré que sus hijos aprendan a leer como yo: sin diputados.