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jueves, 21 de marzo de 2013

Por si acaso, el Duero pasa por Soria

En círculo, alrededor de la clase, cantando, prietas las filas, recias, marciales, como Dios manda; así aprendí yo el recorrido del Ebro, desde Cantabria al Delta, añadiendo notables sabidurías como que el río guardaba silencio al pasar por el Pilar (los curas siempre manejan exceso de información inútil).

Luego, con orden, como manda la Santa Madre Iglesia, pasábamos al Duero, del que supimos, oh sorpresa, que, naciendo en los Picos de Urbión, acababa en Oporto. Cosas que tienen los ríos: que pasan por cualquier lado.

Naturalmente, nos ocupábamos del Tajo, al fin y al cabo es un río patrio ("Aragón ye nazión": los Austrias arrasaron nuestros fueros 200 años antes que los Borbones fumigaran los catalanes y no andamos haciendo tanto aspaviento). En fin, ese Tajo que naciendo en la Sierra de Albarracín va esculpiendo abismos hasta Lisboa.

Cosas que señalábamos en un mapa de los de antes, de esos que te ponían a Las Canarias debajo de las Baleares y no como ahora que nos la colocan allí que parece africana

No es que me haya dado por la geografía. También, puedo decirles que el área de un trapecio se calcula multiplicando la altura por la suma de sus dos desiguales bases y dividiendo por dos. 
 
Puedo decirles que tuve profesores que, incluso, llegaban a saberse el sistema decimal y en un alarde de ingenio, llegue a trabajar con logaritmos. Cosa desusada e inútil ahora que cualquier calculadora de las que Ustedes portan en los móviles puede hacer.
 
Un horrible y autoritario sistema pedagógico, tienen Ustedes razón, alejado de cualquier categoría relevante en la producción de conocimiento real y creativo.

Ahora bien, que ofrecía datos de los que solo pueden Ustedes deducir una cosa: el que suscribe hubiera aprobado los exámenes de maestros en Madrid que he podido leer esta mañana y que, al parecer, suspendieron el 86% de los presentados.

Dicen los sindicatos, siempre atentos a la defensa del conocimiento, que hacer públicos los resultados de la prueba es un “escarnio público” para los maestros. Y dicen, también, que solo es para despedir interinos y ahorrar.

Podría yo asumir ambas cosas si hubieran dicho, además, que demostrar aptitud  es cosa necesaria. Mientras no se añada ese pequeño detalle al discurso obrero me temo que perderán cualquier batalla ante las autoridades, los padres e incluso los maestros y maestras que si saben por donde pasa el Duero pero tienen menos puntos por prácticas.

Dicen, los más modernos de la clase, que como bien señala Reijo Laukkanen, experto finés en educación, es “nefasto elegir profesores mediante un examen”. Cosa que puedo compartir y que, a poco que me la expliquen, compartiré plenamente. Siempre y cuando se acompañe de las condiciones para ser maestro en Finlandia que les resumo ahora mismo.

En Finlandia se exige más de un 9 de promedio en bachillerato y la reválida, (cielos hay reválida en Finlandia). Cada facultad selecciona mediante entrevistas y pruebas (o sea, más duro que la selectividad y no todos entran) a sus alumnos. Una vez titulados, un departamento de formación docente selecciona la distribución de profesores. Por último, los directores de los centros (elegidos por el Ayuntamiento, fíjese Usted los políticos seleccionando a los directores del mejor sistema educativo del mundo, que escándalo) seleccionan a sus profesores.
 
O sea, que la selección de profesorado en Finlandia es más dura que un examen donde a uno o una le preguntan por el recorrido del Duero.
 
Son muchas las razones de la crisis de nuestro sistema educativo. Desde la materia curricular a los medios materiales; desde la pérdida de valor del conocimiento a la desresponsabilización de buena parte de la comunidad educativa. Digo yo que algo tendrá que ver la calidad de los maestros y maestras, dicho sea sin ánimo de escarnio, ni voluntad de molestar a los sindicatos.
 
Como dudo que las cosas cambien demasiado, por si acaso, anuntio vobis gaudium magnum:  el Duero pasa por Soria.