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miércoles, 28 de noviembre de 2012

Como ser un líder ocurrente. Manual para dummies.

Puesto que faltan ideas, tengamos ocurrencias. Algunos lectores y lectoras de mi texto anterior se han mostrado interesados en producir ocurrencias. Consideran que ellos y ellas son, también, capaces de competir en ese mercado. Como consultor no puedo dejar de ofrecer mi consejo (naturalmente, por módico precio de crisis: o sea, una utilidad gratuita a clientes potenciales, que se dice ahora).

Veamos el asunto con claridad. Dejémonos de esas zarandajas modernas de visión, misión, liderazgo y planificación estratégica. Eso requiere construir un relato, contar una historia y organizar a la gente dándole seguridad, para que sea capaz de compartir y mejorar nuestra historia. Esos son tonterías de modernos que acabarán hablándole de liderazgo de empatía y sandeces similares.

Un líder ocurrente no esta para tal cosa; es un capitán exaltado encargado de desarrollar un gran reto corporativo, a ser posible uno distinto cada semana. El objetivo debe estar claro desde el principio: llegar a la jubilación. Si Usted no tiene claro esto jamás será un líder ocurrente.

Esto requiere, estimado y estimada líder ocurrente, un concepto claro de la competencia. Esto es como la bonanza de las Antillas de la que escribiera Ítalo Calvino: necesitamos mantener al competidor para que parezca que hacemos algo. Hemos de jubilarnos juntos, así que nuestras ocurrencias sean salvas que parecen hacerle daño corporativo pero el justito.

Un objetivo tan ambicioso exige crear un contexto corporativo: el caos. Un líder ocurrente deberá provocar ruido, mucho pero irrelevante. Una convocatoria electoral, infinidad de reuniones transcendentales en las que no se decida nada, anuncios de enemigos exteriores o interiores desconocidos por el común, expresiones de malestar, convocatoria de nuevos retos...cualquier cosa en que la ocurrencia salvadora pueda abrirse camino con facilidad.

No tenga prisa, estimado, estimada, líder ocurrente. Invierta en caos antes que en su profecía. Por una parte, el caos justifica el pensamiento efímero. Usted puede tener una ocurrencia diaria, cada una contradictoria con la anterior ya que el entorno, usted me entiende, es cambiante...Por otra, el caos permite la mejor herramienta de que dispone el líder ocurrente: tener a la gente en ascuas.

Lance un mensaje claro: en su modelo de trabajo, una corporación necesita poetas y fontaneros y Usted, amigo o amiga, es el poeta. Usted está para “la vista de pájaro” no para “el ojo de gusano”. Que los fontaneros se orienten a resultados o persigan un buen trabajo no es cosa que deba estorbar su verso. De hecho a Usted le da igual, las cosas diarias son pequeñas, carecen de relevancia.

Por lo tanto, nada de evaluación del desempeño o de medir los costes de las decisiones ocurrentes. Usted está definiendo ideas superlativas, en comparación los costes siempre serán mínimos, aunque sean dolorosos, y Usted deberá comunicar su pesar por estos costes, nunca en persona naturalmente, porque Usted nunca dijo lo que dicen que dijo. No tenga prisa, estamos construyendo el contexto para su ocurrencia.

Pereza. Este asunto es fundamental. No me entienda mal, que un líder ocurrente deba basarse en la pereza quiere decir que debe huir de tener ideas, no que no deba organizar su trabajo adecuadamente.

Tampoco hay que matarse; esto le daría mala imagen ya que si parece ocuparse de los detalles, del porvenir de las cosas relevantes, sean financieras, materiales, de producto o de cultura corporativa, la gente puede creer que se ha pasado Usted a la fontanería. No; la creatividad requiere distancia, descanso, música que despeje el cerebro. Ser ocurrente puede ser agotador y Usted, no puede ocuparse del detalle técnico ni de transmitir la ocurrencia.

No señor; hasta el momento final, Usted no estuvo donde dicen que estuvo; ni dijo lo que dicen que dijo. La ocurrencia no es reflexiva, es salvadora, alumbra el camino del personal para un par de días. Si parece planificada y calculada pierde valor.

Por ello, Usted deberá apoyarse en una adecuada coalición de gorrones interesados en sus ocurrencias. En esta Barataria confusa, haga como Sancho: busque un vizcaíno o un democratacristiano, según su gusto. Debe encargar a alguno de ellos, por lo menos dos, a ver si vamos a construir algún líder en potencia, la gerencia de las decisiones que Usted ha tomado de forma súbita y en secreto. Naturalmente, desautoricelos en cuanto hayan ejecutado su encargo.

Esta coalición debe ser también efímera, mutable e inestable, una mezcla de cómplices radicales y tibios seguidores. Nunca se sabe a cual de los dos requerirá su ocurrencia de mañana ni a cual de ellos deberá sacrificar. El objetivo, recuerde, es nuestra ocurrente permanencia a lo largo del tiempo no las coaliciones.

Por eso, Usted  no estará presente cuando los gerentes ejecuten su decisión. Una súbita reflexión en el levante, un viaje de trabajo, una reunión trascendente para la patria, deberán alejarle de la selección de personal. Usted nunca estuvo donde dicen que estuvo, ni dijo lo que dicen que dijo; aún no es el momento.

Estos gerentes afrontarán la selección de personal. El caos corporativo debe acompañarse de un elemento fundamental: un erial de élites directivas. Todo lo que pongamos a gestionar la corporación debe ser manifiestamente incompetente y absolutamente inestable. Una selección de personal basada en la capacidad, la convicción y la planificación nos haría prescindibles, y así no vamos a ninguna parte.

La selección de personal no se orienta a resultados corporativos, no volvamos a las zarandajas. De hecho, deberemos darle a la coalición de gorrones y al adversario la cabeza de algunos de los nuestros. Naturalmente, es por su bien: necesita descanso, después del ímprobo trabajo defendiendo nuestras ocurrencias durante años.

Ese sacrificio nos permitirá lanzar un mensaje a nuestro competidor: podemos pactar el caos y nuestra mutua supervivencia; hemos de repartirnos las Antillas, desembarazarnos de aquello que impide nuestro entendimiento sobre la causa final: la mutua jubilación.

Dejemos que los alegres muchachos y muchachas combatan por el cambio y caigan, mientras organizamos el entendimiento básico con nuestro competidor.

Ahora, amigo, amiga, ha llegado el momento. Instalado el caos, efectuada la adecuada selección de élites incompetentes, sacrificados los necesarios peones, es el momento de tener y presentar la ocurrencia.

¿Cuál, me pregunta? ¿También tengo que resolverle este asunto? Es Usted más dummie de lo que suponía. Mañana lo haré. Pero recuerde: su ocurrencia debe cambiar el código corporativo; hacerle a Usted imprescindible; preparar una nueva coalición de gorrones y basarse en métodos de trabajo y progreso incomprensibles, casi talmúdicos. Recuerde el valor del caos.