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jueves, 24 de noviembre de 2011

Si eres parado para que quieres salud.

¡Que tenga salud! Lo decían las abuelas en los barrios pobres. La belleza genética o el futuro de calidad no formaban parte de las aspiraciones de los abuelos en los distritos arrabaleros.

El estado del bienestar y su movilidad social parecieron arreglar el asunto. El derecho a la salud permitía a los abuelos de barriada entrar en la fase de ponderar la belleza de nietos y nietas, la blanca sonrisa de la dentadura e incluso ver superada la maldición de que él estuviera condenado a ser un extremo derecho bajito y ella nunca pudiera ser modelo.

En esas estábamos cuando la lideresa, siempre tan atenta a informarnos, nos ha dicho que “la fiesta ha terminado” y no se refería a Granados sino a esos viejos derechos conquistados.

Como el prócer esta reflexionando sobre la magnitud de los recortes los peperos locales se han puesto a juguetear con la tarjeta sanitaria. En Galicia, los parados sin prestación se caen del sistema mientras solicitan la tarjeta de “sin recursos”, que tardará de seis a ocho meses. En Murcia se dan de baja a los parados sin prestaciones y los extranjeros que no cotizan. En Baleares, cobran diez euros por renovar el pedacito de plástico. Intuyo que esto esta pasando en muchas Comunidades donde el asunto pasa de tapadillo.

Deben saber que la alternativa que se ofrece a los privados de tarjeta es pagar los servicios sanitarios que recibe ¿ A qué ahora entienden mejor lo de pasarle a Usted la factura cada vez que va al médico?

Así que el derecho a la salud no se atribuye ya al ciudadano o ciudadana sino al cotizante lo que demuestra las trampas que existían en el derecho universal a la salud y, muy especialmente, que todos esta pandilla de sinvergüenzas van a utilizar hasta el último resquicio para dejarnos sin derecho a la salud pública.

Pagar por la salud es el mayor retroceso del estado del bienestar que Usted pueden encontrarse. Como ya saben la doctrina neoliberal manifiesta que estos derechos universales sostenidos en tarjetas constituyen incentivos intolerables para que la gente no busque empleo.

O sea, parado, parada, solo quieres salud para no currar, que te han visto venir.

Pandilla cabrones.

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