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jueves, 20 de octubre de 2011

Pregunta electoral (VI): ¿Se puede votar dos cosas y no estar loco?

Allí, se pide el voto cantando la internacional, tachín, tachán. Aquí, se pone cara de ¡Vaya caverna! Soy un postmaterialista, ni de izquierda, ni de derecha, voto a los del medio.

No es de ahora la cosa, pero esto de las políticas bipolares mosquea. Mas aún cuando el asunto no procede la coherencia sino de la necesidad. Quiero decir: allí, se necesita el voto de las escisiones comunistas realmente existentes y lograr que el portavoz que tiene allí el estatalista antiguo sueñe con ser diputado tres días en la legislatura. Lo de votar aquí a los del medio es para que nadie confunda la modernísima propuesta con la impresentable izquierda dogmática y poder codearse con los modernísimos europeos.

Naturalmente, el político profesional que negocia tal asunto merece mención honorífica en el olimpo de los viejos muñidores de las mas viejas guardias. De hecho, estos postmaterialistas y participes de los mas recientes "istas" proceden de las mismas culturas que esconden, con cierto pudor, bajo sus gabanes.

Yo no digo que votar a los del medio, ni de izquierdas, ni de derechas, sea malo. Aunque paréceme que no son estos días de mucho postmaterialismo sino de mucha exigencia material, entiendo lo improbable de ancestrales construcciones ideológicas defendidas por los especialistas en converger consigo mismos. No es menos cierto que los "istas" mas modernos no han aportado solución confiable ni políticas de gobierno creíbles cuando han podido.

Se me hace raro, raro, eso si, que allí, donde se supone la sociedad es mas moderna, se pida el voto con las culturas antiguas y aquí, donde se ubican las mas viejas cavernas mesetarias de todo tipo (dicen los de allí) se apoyen las postmodernas y postmaterialistas propuestas. No se me escapa, faltaría más, que allí los postmaterialistas han obrado una ingente conversión ideológica de quienes cuando vienen a la meseta levantan banderas rotas y cuando están allí mueven badges en sus “tuiters” y “feisbuks”.

Me temo que la respuesta a tan enjundioso asunto se encuentra en contabilidades electorales tanto allí como aquí. Un escaño bien vale un ridículo bipolar y unos euros por voto bien vale una coalición mas que sumar a la convergencia inacabable con uno mismo.

Paréceme, Sancho, que todos los refranes son ciertos. O sea: que si la bolsa sona se puede votar al mismo día y a la misma hora dos cosas distintas y no estar loco.

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