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martes, 23 de agosto de 2011

ZP se pasa al lado salvaje.

La regla de oro de los matones europeos (hablo de la Merkel y el Sarcozy) es exactamente la frontera entre el lado salvaje o el educado de la economía. A mi me pasa como a Keynes prefiero transitar por el lado educado. Zapatero, después de arruinar la penúltima vía del socialismo realmente existente, ha decidido pasarse al lado salvaje.

La derecha económica más reaccionaria ha predicado siempre la constitucionalización del rigor presupuestario. Hoy ZP les concede el regalo de la mayor vuelta de tuerca en la historia de la economía española de la democracia. Es un hecho cualitativo: la renuncia a la intervención política en el mercado. A partir de ahora, cada vez que alguien del PSOE pronuncie la palabra socialdemocracia, le saldrán espumarajos por la boca.

No entraré, ahora, en el hecho de ventilar reformas constitucionales como si de ir al mercadillo de los viernes se tratara, insulto al pueblo soberano como cualquier demócrata podrá colegir de anunciar y despachar una reforma constitucional en un pispás.

Lo que aquí importa es que la política es el único recurso de los que no tienen otro recurso. La barrera constitucional al gasto público es, precisamente, la renuncia a la política. Hagan lista de todo lo que con esa constitucionalización no hubiera sido posible.

De nuestro limitadito estado de bienestar, construido dígase con la persistencia de Felipe Gonzalez, no habría nada. El AVE a Andalucía se construyó con déficit que hoy se reputan intolerables; lo mismo que las Ayudas a la EXPO, las carreteras andaluzas o la financiación de la Barcelona Olímpica. Tampoco hubiera sido posible la universalización de la sanidad o la educación.

Intuyan estimados lectores, hacia donde se encamina la política si se acepta esta felonía. ZP decidió hace tiempo dar paso a la derecha y sus políticas. Hoy, a ochenta y nueve días de unas elecciones a las que no se presenta, o sea careciendo de la mínima legitimidad, le coloca a Rajoy el clavo de oro de donde colgar sus recortes.

La regla es más salvaje por cuanto cambia el sentido ya extremadamente derechoso del concepto. Hasta hoy se quería decir que en el presupuesto publico el déficit fuera inferior a la inversión (superávit corriente) pero lo que franceses y alemanes han dicho es otra cosa: es hacerlo al modo alemán (que ha constitucionalizado el 0,35% del PIB). O sea, renunciar a que la política económica actúe contra los ciclos recesivos y dejar que los mercados campen a sus anchas.

Es aún más salvaje el error de diagnóstico sobre esta crisis que supone: la contracción de crédito no es una crisis como las otras que se han gestionado, como andan diciendo ya economistas de derechas y de izquierdas.

No le importa a Zapatero, su sumisión, rayana en el escarnio, con objeto de hacerse alguna foto el día de su funeral político en algún antro económico europeo, nos deja en el lado salvaje a todos. Amigos, amigas, empezó el sálvese quien pueda. Una nueva era se inicia.

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