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martes, 2 de agosto de 2011

Es “pa” no volver

No se les puede dejar solos. Te vas diez días a la playa y te la lían. Uno, abandonado por todos, convierte el 20N en fiesta nacional. El supervisor que nunca supervisó nacionaliza un banco; esto es, lo sanea con nuestras perras para regalárselo a algunos amigos. Botín se cabrea y manda a Zapatero que se mude. Los mercados insaciables se disponen a hacer el agosto con la prima. Por si fuera poco, dos hideputas falsarios se la lían a mi señora. O sea, que de aquí al 20N es el tiempo de las mentiras.

De la pareja de hideputas no diré mucho; estos, hace décadas que no dicen la verdad ni en caso de emergencia, ignorando que por mucho que tuneen sus comportamientos inmorales, en cuanto retiras los entresijos salen las pústulas de Dorian Gray.

Tenemos las mentiras de la derecha, la de la agenda oculta y abierta, la que ha pactado con los banqueros y la cúpula patronal que, pretextada la deuda, nos acogotarán a recortes. Eso si; hasta el 20N todo serán felicidades y buenaventuras en el kiosko electoral.

Tenemos las mentiras de la izquierda que abandonó, la que esconde la sigla, la que reniega de Zapatero, la que nos dejo un país de destrozos, desilusiones y traiciones. Pero eso si, el renovador de la izquierda, el nuevo, el que nunca tuvo que ver con nada de lo que pasado está nos venderá, día si, día también, que volverán a ser buenos, buenísimos de la muerte.

Tenemos la izquierda de todo aprovecha para el convento. Esa cuya afiliación se ha cargado de razón durante años y ha conseguido recuperar a nivel local su proyecto político y que ahora depende de dirigentes que ni van, ni vienen a otra cosa que a lo suyo; que los lunes hablan de la izquierda verdadera, los martes hacen de carteros, los miércoles ofrecen puestos al 15 M; los jueves quieren pactar con los nuevos, para acabar los viernes en la refundación comunista de siempre.

Y luego están los nuevos; esos que han estado en todas partes y nunca han estado ahí. Los renovadores que se parecen a Rubalcaba que nunca han tenido nada que ver con lo deleznables que son los otros.

Pero, sobre todo, están las grandes mentiras de los mercados; de los liderazgos europeos de los vanos intentos de parar la sangría a la que nos someten y que nos tienen a todos aterrados con su voracidad insaciable.

“Pa” quedarse en la playa; se lo digo yo.

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