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sábado, 9 de julio de 2011

Portugal: Las agencias fabrican una profecía.

¿Han oído hablar de las profecías que se cumplen solas? Las describió un tal Merton, mas o menos del siguiente modo: se describe falsamente una situación; se crea una conducta que convierte en verdadero lo que era falso y al cumplirse la profecía se perpetúa el error.

La self-fulfilling de Moody´s con Portugal funciona de la siguiente manera: se dice que el bono portugués es basura; los propietarios de bonos portugueses se comportan como si eso fuera cierto y empiezan a vender bonos como churros, lo que encarece el tipo de interés de la deuda portuguesa y, naturalmente, pasamos una semana de contagio y Merkel y Sarcozy empezarán a hablar de un segundo rescate; o sea, de nuevo ajuste para portugueses.

Profecía cumplida, y el bombero de Moody´s provocará otro incendio.Barroso ha descubierto la semana pasada que lo de las Agencias de calificación es un escándalo.

Tres negocios privados (Standard Poors; Moody´s y Fitch controlan el 90% del mercado de las agencias de calificación: llámese oligopolio norteamericano) dirigen el tráfico de capital y la ruta de los ajustes sociales mandando al carajo cualquier política (buena o mala, eso es otra cosa) que definan los europeos, ausentes una vez más de lo que importa.

La Merkel, el FMI y las agencias, menuda troika para diseñar futuros, han decidido impedir el crecimiento de la demanda interna de los países en crisis y, por lo tanto, cualquier recuperación visible a medio plazo con el evidente objeto de que los bancos alemanes, franceses y especuladores cubran sus inversiones.

No hay que preocuparse que tenemos profecías para todo el mundo. Mientras a los portugueses les retuercen un poco mas el pescuezo y el resto de los europeos miran para otro lado, alguna agencia estará preparando el siguiente festín.

Dicen que los portugueses están cabreados, cabreados. Deberíamos andar nosotros también porque gracias a Moody´s y el contagio nos subirán los impuestos mañana para pagar pasado una deuda a unos tipos de interés de narices. Deuda que naturalmente es por nuestro bien: tenemos que salvar a nuestros bancos, faltaría más.


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