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sábado, 27 de febrero de 2010

Esto lo arreglamos entre todos o el cinismo colateral.

Luego diréis que me rebrinco. Me voy una semana, por un achuchón de trabajo, con la esperanza de que se reduzcan en este peregrino mundo los imbéciles habituales y la tasa de tontunas y a la vuelta me encuentro esto: La crisis …también está en nuestras cabezas.

Así que entendedlo de una vez: la crisis es una construcción mental, una fantasía que el gobierno y los banqueros os financian; un tiempo de oportunidades que no sabéis aprovechar porque sois una pandilla de llorones. Lo dice una organización corporativa cuya única habilidad conocida es una exacción obligatoria, y probablemente inconstitucional, a todo el que monta una actividad económica o social. Exacción que han decidido gastarse en una campaña publicitaria para tocarnos ovarios o testículos al personal.

Lo arreglamos entre todos viene a decir la campañita, basada en un texto esotérico y, probablemente, de orientación budista que ante la tribulación propone el buen ánimo. Por un segundo creí que el "todos" incluía a gobierno, banqueros e instituciones internacionales…pero no…se refiere a los demás.

O sea; que los 4 millones de parados y paradas, uno de ellos sin ayudas de ninguna naturaleza que deja la crisis deben empezar a “contagiar optimismo”.

Resulta que los EREs que han arruinado el capital humano que representaba la generación que hizo la transición y el tránsito a la modernización económica y social de España deben enfrentarse con “ilusión y entrega” a lo que no es sino ocio creativo.

Los trabajadores que están descontando ya dos años de jubilación a cuenta de esta crisis deben alegrarse de que el gobierno les conceda un añadido “tiempo de oportunidades”.

En fin, los ciudadanos y ciudadanas a quienes nos subirán el IVA en un par de meses “tenemos motivos para animarnos” porque Pepiño nos ha hecho ricos.

El hecho de que los Banqueros, dueños de las cuevas de Ali Baba que hemos alicatado con nuestros impuestos, y las grandes empresas mantengan primas, bonos y beneficios debe ser motivo de alegría. Que el regulador; el gobierno; las instituciones internacionales o el Presidente de las Cajas, endeudadas en operaciones especulativas hasta las cachas, nos digan que debemos sacrificarnos debe producir en nosotros un irremediable sentimiento de “entrega” a la causa.

Uno de los más graves daños colaterales de la crisis es el incremento del cinismo en el lenguaje económico, el abuso de la “neolengua” y el exponencial aumento de los profetas de las reformas estructurales. Las Cámaras de Comercio participan de los tres y se suman con orgullo a los imbéciles habituales.

Vosotras y vosotras me os ponéis ahora mismo a arreglar la crisis con optimismo y alegría, faltaría más, que el gobierno y los banqueros os han concedido un tiempo de oportunidades.

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