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lunes, 8 de febrero de 2010

Es que no se explican bien, faltaría más…

Las ideas son inmejorables; las políticas las adecuadas. El asunto es de comunicación; vamos, que lo explican mal. Ya hemos llegado donde suelen los grandes líderes y sus corifeos: hay que desplazar la responsabilidad a los gestores de la comunicación, que muy finos ciertamente no andan, y a la organización que, a toque de trompeta, tiene que sustituir a los medios de comunicación que son malos, malísimos.

Esta situación, es que no nos explicamos bien, se alcanza habitualmente tras dos circunstancias: unos sondeos o un clamor social en contra de esta o aquella propuesta.

Esto es lo que ha ocurrido. Naturalmente de que, por ir a Davos donde nunca el prócer planetario había sido invitado, se aceptara una foto con letones y griegos que manda narices, el responsable no es culpable , al parecer, sino los encargados de la comunicación.

Naturalmente, el asunto del paro, haber sido una vez más engañados con la inexistente recuperación o la edad de la jubilación, no son las razones del cabreo social o las que empañan la imagen del Presidente. No; es que no se explican bien; tienen un problema de comunicación.

Antes de que todos los gurús de Obama escribieran un libro (ha sido desmentido el rumor de que un conductor de autobús que una vez llevó a Obama haya escrito un texto sobre comunicación electoral en carretera), antes del advenimiento, los socialistas dieron fama a un libro de Lakoff (magnífico por otra parte): No pienses en un elefante.

Pues bien en ese texto se dice: “ Uno de los errores más graves de los liberales (de allí, progresistas aquí) es que piensan que tienen ideas de sobra. Que lo único que les falta es acceso a los medios…cuando piensas que lo único que te faltan son palabras, lo que realmente te faltan son ideas”.

La cosa, amigos y amigas, es que faltan ideas; se han ido de hoz y coz a las ideas de otros, el personal se ha cabreado y ahora algún o alguna mensajera pagará el pato; se tensará el partido que saldrá a la calle a pasar algunas vergüenzas mientras Leire, observando por el rabillo del ojo la evolución del cambio planetario, sigue pronunciando parrafadas incomprensibles sobre la cosa de la jubilación, la economía y las fotos de Davos.

Debemos, por supuesto, buscar un par o más de traidores. Barreda, Almunia y, naturalmente, los medios anglosajones que nos odian, no nos entienden y nos comparan con cualquiera sin crédito sin pararse a comprobar nuestra magnífica política.

Debemos culpar a los mercados (que me los presenten que se van a enterar esos sean quien sean) de que huyan como cobardes y no a ministros o ministras que, aunque no den ni una, tienen las mejores ideas y las mejores políticas, aunque no las explican bien, eso si.

O sea, que los próximos días vamos a ser explicados hasta la saciedad; pues nada, que se expliquen, que se expliquen…suframos en silencio la explicación, mientras encontramos alguno de esos malditos mercados para decirles cuatro cosas…

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