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lunes, 12 de octubre de 2009

Un desfile carca y un Nobel progre. Nunca todo es un ridículo a la vez.

Hoy en Madrid(z) tocaba día carca. Esto no es problema; los que vivimos en Madri(z) sabemos que tras un día carcuncio amanecerá otro estupendo; sólo es cosa de no impacientarse.

Hoy, tocaba desfile. Esto es, decimonónicas – o más – expresiones, términos y uniformes han sido contados por periodistas que no tenían la más mínima idea de su significado. A los que la música militar “nunca nos supo levantar” (lo cantó Paco Ibáñez) hemos aguantado estoicamente sabiendo que mañana Madri(z) ofrecerá alguna página encomiable.

Hay un momento especialmente comprometido en este tipo de eventos: el recuerdo a los caídos. Uno no tiene nada en contra de que se recuerde a los héroes; incluso me complace afirmar que uno tiene su propios héroes, naturalmente derrotados, que recordar (Castro, Modesto, Lister, Rojo, Miaja ...y millares de milicianos anónimos, por un poner). No me importa, al contrario, dedicar un minuto, junto a su familia, a los que han perdido la vida en guerras donde no se nos había perdido nada o a guardias, civiles o militares asesinados por la canalla terrorista.

Lo que ya es peor es cuando a la estética militarona se suma a la ausencia de laicismo. No se si mis lectores habrán reparado en este himno que se canta en el momento en que los ilustres ponen la corona de laurel. Quiero decir en que los ilustres, incapaces de portar la corona, la atusan u ordenan, como si los auxiliares la hubieran colocado mal.

Pues bien; en ese momento se canta un himno titulado: “Cuando la muerte no es el final” donde todo el mundo se muestra aparentemente feliz porque la divinidad oportuna les ha devuelto ala vida y la luz. Canto a la muerte necesaria para la vida eterna que no alivia a las familias y es tan extremada loa católica a la muerte que a uno, perdonen, le revuelve las vísceras. Naturalmente, este himno no es herencia nacionalcatólica sino que fue introducido por Narcís Serra. Es que siempre hay alguien de izquierdas que tiene un mal día; también aquí hay que evitar impacientarse.

Creía yo, por otra parte, que iba a tener un día de enfado a causa de que tocaba Nobel de Economía, cosa que a uno, en esa ciencia (por exagerar) educado, suele interesarle y ,tras los preámbulos, no andaba con muchas esperanzas.

Pues no; mira tú que el Comité (que como se sabe no es el mismo que entrega los demás) ha decidido un gesto progre: premiar a una mujer, Elinor Ostrom ( la primera vez en la Historia: cuando mi favorita Joan Robinson escribía no había Nobel de economía, ni se lo hubieran dado por rojilla)

Es una neoinstitucionalista; denominación que usan los economistas progres que se dedican a estudiar el comportamiento de las organizaciones y el entorno sociopolítico, frente a los neoliberales que las desprecian.

Ostrom se ha dedicado a afirmar, pasmaos que rojez, que los bienes que se administran de forma común no necesitan ser privatizados para ser gestionados con eficacia.

Bueno; no siempre hacen el ridículo los suecos.

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