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lunes, 10 de agosto de 2009

Benedicto lo sabe (Dios le pasa el parte)

Benedicto lo sabe. Conoce lo que ocurre sin salir del Vaticano. ¿Le habrá robado a Dios su poder de omnipresencia? Imposible; recurramos a una explicación asaz razonable y, naturalmente, científica: Dios le pasa el parte.

No es un maledicente invento de los míos. Lo ha dicho, ni más ni menos, un tal Giuseppe Dalla Torre, presidente del Tribunal Vaticano que se ha sentido obligado a responder a Pedro Almodóvar, impresentable pecador, que se atrevió a sugerir que el sumo portavoz de Dios en la tierra debería darse un paseo para observar que, además de la prova familia católica, hay otras. Innecesario de todo punto: "Benedicto XVI no necesita salir de Vaticano para darse cuenta de la existencia de ciertos fenómenos sociales".

O sea que ya no sólo no hace falta ver para creer, como es bien sabido, sino que tampoco hace falta ver para saber para pasmo de la comunidad científica, educadores y padres con niños cateados. Dios le ha pasado el parte a Benedicto que, a su vez, ha informado a este Dalla Torre de que las familias no católicas son algo “marginal”: “pa” cuatro divorciados y dos gays, que tonterías dices querido Pedro.

Era bien sabido, desde todas las guerras santas que han existido, que Dios ayuda a los buenos cuando son más que los malos; cosa que nos permitía creer que Dios mantenía cierta aptitud para la contabilidad. Pero eso es cosa del pasado; según el Portavoz de Dios ya veo que no; que lo que uno ve inmenso (divorciados, segundas bodas civiles, emparejados de hecho, gays,…,) es cosa “marginal”.

Más insólito que este déficit aritmético – al fin y al cabo, debe ser Dios el que ha querido que las habilidades matemáticas no abunden – es este enorme descubrimiento de Dalla Torre: Almodóvar “no quiere describir el mundo sino transformarlo”. Ahí le duele: un director de cine que vive del malvadísimo materialismo histórico. Es que, Pedro, se empieza hablando de la diversidad familiar y se acaba en la lucha de clases: ahí el cura este te ha “pillao”.

Benedicto, entretanto, y tras pasarle informe al cura este, se fue al “angelus” (que conmemora, como todo el mundo sabe, la aparición del Ángel, a las doce de la mañana, a una señora que no cumplía la obligación católica de darle un hijo a su marido, al que se unió en sagrado vínculo).

Y ahí, en tan solemne momento, añadió explicación oportuna al asunto: “Las ideologías que establecen la libertad como único principio del ser humano, en alternativa a Dios, son arbitrarias”.

De lo que el sumo portavoz de Dios viene a deducir que el problema de los campos de concentración que el sumo, afortunadamente, condena no es que los montara un nazi hijo de puta que se cargó la democracia y la libertad sino que el tal nazi era un descreído. Benedicto lo sabe: y sin salir del Vaticano, oye.

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