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viernes, 31 de julio de 2009

El retorno: un “tonto llovido del cielo” me confirma las leyes inmutables.

Ya vuelvo. Baño final, tarde de mi último viaje en moto acuática con cara de velocidad infinita. El lunes estaré, de nuevo, sosteniendo este peregrino mundo.

 

Vuelvo a las cosas conocidas y encuentro que no sólo las cosas están donde deben estar sino que me dice … “un tonto llovido del cielo,
del limbo, sin un ochavo…”  que las leyes más inmutables siguen presidiendo nuestra vida.

 

Ha quedado confirmada, me dice el tonto, la Ley del Embudo. Se ha firmado la recalificación urbanística de la ciudad deportiva del Barça que ha comprado a un jugador por sesenta y ocho millones de euros. Como el Arzobispo de Barcelona, el Diputado Herrera y el Conseller Saura no han dicho nada deduzco que el pelotazo no es residuo futbolero franquista sino apertura de la ciudad a los vecinos ni el tal precio escandaloso e inmoral sino inversión productiva.

 

Confirma, igualmente, el tonto – algo mosca pues usado fue en críticos comentarios sobre el asunto- que el PSOE y las Comisiones y UGT de Madrid se han sumado a la pinza muñida entre Aguirre e IU, pidiendo una Vicepresidencia para el PSOE, cosa que transforma inmediatamente la pinza en gesto responsable, faltaría más.

 

El tonto y yo anotamos otra ley inmutable: desde que tenemos memoria los asesinos de ETA siempre nos joden el verano. Una bomba buscando muertes inocentes en Burgos y otra logrando muertes inocentes en Calviá explican el comportamiento de esta pandilla de cabrones tan lejanos a la libertad de cualquier pueblo  como a cualquier valor humano. Ley inmutable de la pandilla de bestias.

 

Inmutable es la ley de la solidaridad decreciente de la patronal. Estos tipos siempre me han caído mal, no importa que razones arguyan. Puede que deba debatirse que las bonificaciones para reducir la temporalidad no sirven, es un incentivo erróneo y que podría usarse esta reducción de cuotas en otro sentido. Pero aprovechar para jodernos el sistema de pensiones de reparto a todos es insultante.

 

Insultante es, me hace notar el tonto, que no se recuerde ningún momento de sacrificio de la patronal que ha aprovechado todas las crisis conocidas para izar banderas neoliberales de las que siempre hemos salido con menos protección. O sea, que el tonto y yo estamos tranquilos porque este peregrino mundo, tras mis vacaciones, gira como siempre.

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