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miércoles, 1 de abril de 2009

Requiem por la Encarta

Definitivamente lo “wik”i ha vencido. Encarta ha durado menos que la Enciclopedia Británica, cosa que a los británicos les encantará comentar. La razón, naturalmente, han explicado los de Microsoft es que las enciclopedias han cambiado y la información se busca de forma diferente.
Claro, ya nadie viene a venderte una enciclopedia a casa y ya nadie puede convencer a su hijo de que deje de dar la lata, o sea de retar tus magros conocimientos, y lo busque en la Encarta. Cualquier “wiki”, porque la ciencia es cosa igualmente interactiva, sustituye a la verdad enciclopédica.

La enciclopedia era cosa ilustrada; el mundo moderno se construyó sobre la base de coleccionar el conocimiento por orden alfabético lo que producía divertidísimos momentos que te hacían pasar de Alemania a Aluminio en apenas un par de páginas.

En fin; aquel CD que le pasabas a los críos con cada paquete de Windows, a medida que iba mejorando el parque de ordenadores en la casa, hace tiempo que se perdió; el viaje a las páginas de Microsoft a buscar algo hace tiempo que no se hace.

Google, allí donde la verdad no es lo más científico sino lo que más se busca, acaba poniendo la entrada de la “wikipedia” a mano de cualquiera de nosotros, aunque lo que diga deba ser “wikificado”: hermosa palabra para decirnos que ni de coña te fíes. Cosa que no impedirá que lo aparente pase al trabajo escolar y se propague por el “rincón del vago” para convertirse en verdad, en cuanto el “posicionamiento” en Google lo coloque en primer lugar.

“¿Qué clase de criterio de calidad es este que está dispuesto a trocar un poco de verdad a cambio de una cuota de comunicación?” Se lo preguntaba en su último libro Alessandro Baricco. Bueno; no soy tan extremista pero reconozcamos que algo de eso hay (basta con que las cosas sean verosímiles para que cuelen).

Con la Encarta fuera de juego y esa vieja enciclopedia que guarda la librería de vuestra madre liquidada, ya sólo nos queda la memoria de lo aprendido; las páginas de los viejos libros y la confianza en algún que otro corrector interactivo nos “wikifike” aquello que necesitamos.

Quizá, en estos tiempos de crisis, este de “wikifikador” podría ser un empleo bien pagado o una forma de financiar alguna de las universidades fundidas por Esperanza Aguirre.

En fin, despedid a la Encarta, con el mismo dolor que a aquellos dos horrorosos metros (mira que eran feas) que ocupaba el saber en las estanterías de vuestra madre.

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