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miércoles, 25 de marzo de 2009

La filtración: el barrio sin justicia.

“No pareces criminal; la justicia no te prende al menos; verdad es que la justicia no prende sino a los pequeños criminales…”
Mariano José de Larra; en el día de su bicentenario.

La web de El País, faro y guía de occidente, ofrecía anoche un titular notable: “evitar filtraciones”. Tan ética afirmación iba seguida por la oferta de la filtración de las intervenciones de los candidatos a presidir la Audiencia Nacional ante el tribunal decisor.
No debieran ser secretas estas sesiones que afectan de forma tan notable a nuestra vida y a la de los sastres. Pero si la regla es el secreto lo ético sería dar trigo con la misma firmeza que se predica. Aunque, en realidad, la regla ética debe formularse correctamente: las filtraciones reprochables son las que llegan a los otros.
En un alarde de objetividad periodística, El País afirma que Garzón no pasó el filtro – sólo saco un voto debido, probablemente, a la larga sombra de Federico Trillo- “aunque su programa de gobierno fue uno de los más ambiciosos y documentados”. Cosa que nosotros, simples mortales, no podemos saber porque quien tiene las cintas, las resume y señala su importancia, en un intento evidente de evitar filtraciones en cualquier sitio falto de rigor, es El País, faro y guía de occidente.
La lectura de los textos es notable: el derecho a la defensa no está garantizado; el personal no está especializado; hay amiguismos, cincuenta casos de delincuencia van a prescribir y la audiencia es un tribunal en precariedad.
Cosas que afirman, sin empacho, los jueces candidatos que nunca han pensado en dimitir debido a tales carencias que, al parecer, no les competen ya que, como se sabe, los jueces, y los sastres, nunca son responsables.
O sea, que la justicia es un peligro para nuestra integridad como ciudadanos y ciudadanas. Lo que aparenta es que son todos una pandilla de “bandarras” que no han hecho nada, que se conozca, para mejorar la situación que ahora denuncian.
Y digo yo que podríamos hacer dos cosas: suprimir, de una vez, un tribunal especial que carece de sentido democrático o, bien, elegir al Presidente de un tribunal especial en el Congreso de los Diputados, con transparencia y sin corporativismos

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