sábado, 31 de diciembre de 2011

Ahora que el año se acaba

Invoco los días claros, ahora que sé que me los arrebata el tiempo.

¿Propósitos? ¿Qué propósitos?


Martí i Pol


jueves, 29 de diciembre de 2011

En vísperas del indicio

Aquí de vuelta. Me he entretenido en copas, lifaras y algo de trabajo. Tengan los mejores días posibles; los míos los llevo muy bien; gracias.

Un poco aterrado para que engañarles. Por razones de trabajo he dedicado unos días a los peperos presupuestos de la Comunidad de Madrid y a los de mi ciudad y veo el futuro próximo mas bien oscurito.

Mañana, anuncian, toca un primer recorte. La congelación del salario mínimo no puede ser computada como tal sino como falta de sensibilidad, al parecer. O sea, que estamos en vísperas.

Como los que si estaban allí, efectivamente estuvieron, nos vemos en estas. Reunidos los trece apóstoles del recorte nos darán un indicio, dicen que de 4.000 millones, sobre nuestro futuro.

Comienza nuestro invierno; será largo: unos ocho años, por un poner. Será ineluctable la primavera que nos prometió Neruda pero apunta a larga espera. En el entretanto nos entretendremos con algunos recortes.

Al parecer “van a hacer lo que hay que hacer”. Siendo que esto de “lo que hay que hacer” viene ser fastidiar a la mayoría, entenderán Ustedes mi terror mientras espero la pertinente ocurrencia.

Los de CiU, Esperanza Aguirre y Cospedal han enseñado el camino. Por ejemplo, no te pongas malo y necesites receta en Cataluña: cuesta un euro. Excelente incentivo para el mercado negro de medicinas del que alguien, no lo duden sacará tajada.

Aguirre no contenta con recortar inversión y derechos sociales, castiga a sus funcionarios con pérdida de derechos y ampliación de jornada. Cospedal, a golpe de recorte cada día, va haciendo méritos.

En suma que si Ustedes siguen el optimismo de Rajoy se me preparan para un recorte de 16.000 euros (me equivoqué, yo había vaticinado 14.000); si siguen la vía pesimista del tal Laborda, al que yo no tenía por hijo de puta, deberemos prepararnos para recortes de 40.000. Al parecer la diferencia está en si reconocemos el déficit verdadero, a lo griego, o solo un poquito.

Total no me exageren. Los 16.000 millones propuesto por Rajoy vienen a ser cuatro meses de pensiones contributivas o siete meses de desempleo. No sigo, no sea que me pillen la idea literal.

Mañana toca el indicio y el inicio. Aprovechen y se me hacen unas copas y unas risas, antes de que sea tarde. Feliz Año.

sábado, 17 de diciembre de 2011

La ignorancia fortalece la democracia.

Podría ser el lema de Lucía Figar. Pero no. @rosamariaartal nos advirtió ayer de un informe científico que afirmaba tal cosa.

Yo me dije; eso me pasa a mí: cuanto más leo, peor llevo lo de la democracia. También pensé: como aquí polemice con @agarzon sobre si el conocimiento nos hace revolucionarios, va a ser que la revista science me da la razón.

La cosa, como adelanta la Vanguardia, es que, tras un experimento con peces, viene a resultar que los individuos desinformados se resisten más a la minorías radicales y prefieren el consenso, esto es, las mayoría democráticas.

Así que amigo, amiga, o añade a las dos opciones que este blog viene recomendando desde las últimas elecciones europeas (ser pirata o verdadero finlandés) una igual de científica: se pez, amigo; se pez amiga.

Utiliza tu poca memoria para alejarte de esas malditas minorías y súmate a la mayoría. Tengo que preguntarle a las escuelas de economía crítica si Princeton forma parte de las academias neoliberales o de las guay para saber si debo o no prestar atención a tal sugerencia.

En estos tiempos que corren y con el mal rollito entre las academias, lo importante no es lo que dice un estudio sino de que parte de la barrera viene la idea. No os sorprendáis; esto era como cuando criticar la política económica de los que se van era antipatriota y de derechas antes de saber lo que decías. Así que, por favor, díganme si los de Princeton son de los buenos o de los malos para saber si debo concederle crédito científico a la cosa.

A mí lo de ser pez, ya les diré de entrada, que me convence poco. Lo de la oveja gregaria, lo del rebaño, para entendernos, tenía más gracia, era, incluso más racial. Brassens y Paco Ibañez y lo de la reputación eran un excelente himno contra la tentación adocenadora. Pero, que me expliquen, que himno puede uno oponer a la idea de comportarse como un pez.

Anda la democracia mal. El tal profesor Couzin, padre de la idea, podía haber orientado su investigación en otra dirección. Que si un banquero, un poder financiero, una minoría radical roja, otra minoría radical magenta, que si unos peces para el consenso, viene a ser como demasiado manoseo de la pobre democracia.

Mira que viene a ser el argumento falaz y peligroso: “los individuos no formados pueden promover un resultado democrático al hacer valer la representación igualitaria de preferencias en un grupo”. O sea, que el cambio rechaza a los instruidos. Cosa que pensaban ya los ilustrados del dieciocho sin contar con la revista science.

No se si decir que estos de la ciencia son como los de la economía: que perdemos mucho tiempo en tonterías. En todo caso, @rosamariaartal tenía razón en su comentario: “el lobo no se evapora con cerrar los ojos”.

Así que se me informan y se me van cabreando; como escribió Flaubert: Y al tener más ideas, sufrieron más (Bouvard y Pecuchet).




jueves, 15 de diciembre de 2011

¿La economía crítica al ataque?

Como cada vez que hay crisis, las escuelas de la Academia se excitan. Los departamentos de economía crítica están muy, muy excitados. Consideran, y no les falta alguna razón, que la crisis viene a darles la razón aunque los papeles prometiendo el final definitivo del capitalismo tampoco es que previeran lo que la economía ortodoxa no previó.

Los Occupy de Harvard han llevado el debate a las aulas. Mankew y Marglin ya han discutido. A nivel local Alberto Garzón, y los del blog Politikon, Cives y Senserrich, se han enzarzado en debate sobre el asunto.

Los que hemos pasado por las facultades de economía tenemos una forma de discutir fina, finísima: nos insultamos sin pudor alguno, nos damos por aludidos en un pispás y, en cuanto podemos, ponemos en duda la competencia del otro. Naturalmente, todo es producto de alguna conspiración interestelar que pretende erosionar nuestros ingentes conocimientos y nuestras prometedoras carreras. Afortunadamente, ya les adelanto, esto se pasa con la edad.

Por un poner, Cives utiliza la palabra pereza y Garzón responde con una conspiración sobre publicaciones académicas mientras Senserrich viene a decirle a Alberto que lo del neoliberalismo de la Merkel no define a los ortodoxos sino a los enfermos mentales. Mankew le dice a Marglin que se meta con los de su edad; es decir, que en lugar de denostar la economía con los que no han empezado a estudiar, que lo haga con los de segundo año que ya se habrán leído su manual. Cosas de la Academia.

Cuando yo era joven y casi todos éramos heterodoxos ya teníamos este debate. Mis compañeros recordarán la pasión con la que defendía mi ausencia en la mayor parte de las clases de microeconomía porque un profesor (Enrique, por otra parte excelente) era excesivamente marshalliano. Más tarde me dedique a aprender microeconomía de lo que se aprovecharon mis hijas estudiantes de economía (ortodoxa y de la otra que son equilibraditas).

Luego, los heterodoxos fuimos menos (por cierto, convendría convenir que heterodoxo no quiere decir que nos pasemos el día pronosticando el final del sistema o calculando si el decrecimiento de la tasa de ganancia es definitivo, no es obligatorio).

Afirmar que esa reducción de presencia académica e influencia social se debió al ingreso en la Universidad del postfranquismo de los programas ortodoxos y no reconocer el cambio político, el consenso de la transición y la extensión de la cultura de la disciplina fiscal como causantes, es hacerle un favor al discurso político y a la responsabilidad de la izquierda española.

He acabado siendo de la opinión que uno tiene las facultades de economía que se merece. Son producto social como casi todas las producciones culturales. El problema de la igualdad o de la justicia social ha importado una higa en los última década. Cierto; los departamentos de economía crítica han mantenido el reducto, aunque no han parecido muy seductores a los creadores de opinión social o política ni a los propios afectados, todo hay que decirlo.

Es probable que el cambio de cultura social conduzca a nuevos programas de investigación donde ya compiten mas paradigmas críticos que economistas para defenderlos. Por otro lado, leer a los ortodoxos que son tan unánimes como los heterodoxos, es decir poco, es algo recomendable. A veces, es hasta divertido.

Pero tenemos debate sobre lo que mas gusta a los economistas: debatir sobre la profesión y sus protagonistas.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Se busca policía fiscal para intervención permanente.

¿Por qué lo llaman fiscal si es austeridad? ¿Por qué lo llaman pacto si es merkelazo?

La Cumbre europea ha acordado una gigantesca trasferencia de renta desde lo público (nuestros impuestos sobre la renta y el consumo) a lo privado (el sector financiero). Se ha acordado, en realidad, que los recursos públicos se pongan a disposición de la capitalización privada mientras se abandona la economía real y el estado de bienestar a su suerte.

Por mucho que insistamos en que lo público no ha sido la causa de la crisis (hasta hace dos días en España, por un poner, teníamos superávit) sino el sector privado y el modelo de financiación de la burbuja inmobiliaria, Alemania impone su doctrina: esto es, jorobar lo público, para que lo privado tampoco se recupere. La suave disposición del BCE a poner algún eurillo más no significa nada: el dinero es para que la banca vaya tapando sus agujeros.

Insaciables, los mercados ya apuntan que los fondos puestos a disposición podrían no ser suficientes porque el retorno a Europa de los capitales exige mas chicha. Digámoslo de otro modo: con rentabilidades en el fondo del mar, salvo si hay crisis de deuda soberana, el dinero prefiere irse a otros sitios donde les remuneren adecuadamente.

Los eurolíderes que ya han fastidiado el presente de los europeos parecen dispuesto a jorobar el futuro de la próxima generación continental a través de una chapuza más.

La pela de la crisis la mandará el Banco Central al FMI, como ya escribí la semana pasada. O sea, pérdida de soberanía política y traspaso de la gestión de la crisis. Recursos los justitos para financiar a Italia, al fin y al cabo al nuevo jefe lo han puesto ellos, y ya veremos como se porta Mariano.

La “regla de oro” , neolengua para referirse al déficit cero no es fiscal, es simple austeridad destructiva. Un pacto de verdad fiscal debiera haber incluido la forma de financiación común (impuestos, eurobonos, etcétera). De lo que se trata es de que estaremos intervenidos permanentemente a través de unos policías fiscales, en forma de tribunales, que vigilarán que las soberanías populares no se desmanden, faltaría más.

Austeridad es lo que conocerán las próximas generaciones, alargamiento de la crisis es lo que conoceremos nosotros y presiones sobre las cuentas públicas lo que seguiremos sufriendo. Resultado: trasvase de rentas y creciente pérdida de cohesión.

Los bancos, también los excelentemente regulados españoles, pretendiendo mejorar su rentabilidad se fueron de burbujas y se dedicaron a alejar nuestros ahorros de la actividad productiva para pasarlos a la especulación. O sea que se fueron al casino y perdieron el capital. Como escribí aquí hace tiempo, ellos eran imbéciles pero el dinero era nuestro. Dinero que pondremos por segunda vez mientras los fondos de inversión ganan, también, por segunda vez.

Las tres velocidades europeas ya están en marcha. La capacidad de los ingleses para hacer amigos ha quedado nuevamente constrastada, aunque su origen – la defensa de la libra – me parece algo provinciana y arrojará, a la larga y a la corta, severos costes de austeridad para la mayoría de su población.

Pero que importa. Los gloriosos líderes aman los símbolos (la libra, la estabilidad, los Bancos) y odian a los pueblos. Los pueblos no adoran a sus líderes, los sobreviven.

miércoles, 7 de diciembre de 2011

La fascinación por el 15 M: ¿pueden aprender las organizaciones?

Todo el mundo parece fascinado. Era esperable que todos los departamentos críticos de cualquier disciplina académica desde la sociología a la economía parezcan muy excitados. También que las formaciones sociales y políticas tradicionales hagan convenientemente la pelota. Quizá era menos esperable que las empresas se mostraran interesadas por el asunto.

Para hablar con precisión son los consultores los que parecen interesados en que esa metodología social pueda producir algún tipo de enseñanza a las organizaciones. En mi opinión la fascinación es directamente proporcional al carácter jerárquico o autoritario de la organización fascinada.

Que había vida social bajo los mercados o que las costuras sociales del postmaterialista mundo acomodado estallaran explica parte de la sorpresa. La metodología ha interesado más a los analistas de las organizaciones.

Cierto que algunos se han limitado al marketing oportunista. Véase a Telefónica convirtiendo las asambleas de sufrimiento social en propuestas de tarifas del amor, por un poner. Pero, al parecer, otros empiezan a preguntarse si algo hay ahí que pueda mejorar a las corporaciones.

Uno no percibe, de entrada, demasiada diferencia con experiencias previas en el último franquismo o las luchas antiotan, herederas del movimentismo sesentayochista. Ausencia de jerarquía, organización en grupos de trabajo para cualquier cosa, desde lo necesario a lo estratégico, y plan de acción para cumplir la misión no son elementos novedosos en la historia de los movimientos que conocemos. Esto ya lo hemos vivido antes.

A las organizaciones jerarquizadas les resulta sorprendente por dos motivos: la orientación hacia los resultados de las que esas organizaciones suelen carecer y la rapidez. Lo que se percibe, una vez más, es que la rapidez y la adaptabilidad son cosa de una organización en red.

La gran novedad, en mi opinión, reside en la tecnología y en la construcción de un liderazgo anónimo, corporativo. La clandestinidad antifranquista convertía cualquier intento movimentista en efímero, en necesidad de comenzar de nuevo permanentemente. La tecnología analógica del movimiento antiotan acababa requiriendo, para pasmo y cabreo de los más heterodoxos del movimiento, una organización.

Por el contrario, la tecnología social del 15-M o los occupy, web social, twitter, youtube, etcétera, han convertido al movimiento en “inteligente” en el doble sentido que estas metodologías lo permiten: flexibilidad interactiva que no necesita ser tamizada por comité alguno y rápida adaptabilidad de la agenda como sustitución del programa político. La exigencia de consenso parece más un deseo previo, prepolítico, que un requerimiento democrático o tecnológico

Es esto lo que las organizaciones más jerárquicas y tradicionales no han entendido: las propuestas no son lo original, lo original es como se desenvuelven. La conocida resistencia de los líderes al cambio produce la tentación vampírica de las organizaciones económicas, sociales o políticas jerarquizadas. No hay Comité Central ni Consejo de Administración que aguante esa tecnología.

Esta doble inteligencia es la que deben aprender las organizaciones jerarquizadas: construir agenda a pedido de la propia estructura (sean integrantes o clientes) y crear grupos de trabajo y equipos orientados a resultados con un suave pero eficaz plan de trabajo. Ambas cosas trascienden las tradicionales jerarquías de las organizaciones basadas en la autoridad.

Esa es una lección organizativa que la izquierda política no aprende, anclada en la elaboración del programa y agenda desde la cúpula y en la reafirmación del liderazgo. Y que también costará en las corporaciones y organizaciones económicas aunque a estas debería resultarles más fácil orientarse hacia resultados.

No obstante, hay algo que no se “aprende” sino que se construye. Obviamente, a toda organización económica o política le gustará tener “voluntarios” gente que comparte visión y misión corporativa. De hecho, pagan por ello. Pero lo que no puede construirse es “la pasión”.

Ese apasionado compromiso responde a un amplio esfuerzo colectivo que, a diferencia de las organizaciones jerarquizadas, permite a sus integrantes mantener su identidad personal. Pero nace también de un determinado sentido de la “preocupación” por el entorno.

Si las organizaciones desean ser apasionadas deberán mirar sus “mercado” con más atención, reconstruirlo sobre la base de compromisos con sus integrantes. Asunto que vale para las organizaciones políticas tradicionales y para las organizaciones económicas

lunes, 5 de diciembre de 2011

El conocimiento te hará revolucionario (?)

@garzon dixit. Como lo de la verdad te hará libre de San Juan pasado por el materialismo dialéctico.

No hay que preocuparse mucho. El nuevo diputado de IU, como yo mismo, tiene estudios económicos. Esto es, pertenecemos a una secta notablemente lúgubre cuya capacidad predictiva es inferior a la del pulpo Paul.

Ha escrito el Diputado que “Si la gente supiera y entendiera el significado de las cuestiones económicas... no habría indignados, sino revolucionarios”. Pues no necesariamente. De hecho, paréceme que la tasa de revolucionarios ha sido más alta cuando el conocimiento económico era menor.

Vengo a discutir el asunto porque empieza a parecerme que esto de la izquierda verdadera empieza a parecer más de ideologismo que de política necesaria, lo que sería un inestimable favor al socialismo en refundación

Tenemos otra cosa en común los que hemos pasado por las facultades de economía y cualquiera de sus ortodoxas o heterodoxas academias: tardamos 15 años en comprender lo que Samuelson, en mi generación, y Mankew, en la de Garzón, tratan de explicar en las primeras páginas de sus manuales: los buenos análisis económicos requieren humildad.

Porque esto de que el conocimiento de los mecanismos económicos es un arma anticapitalista es una exageración fruto de la falta de humildad económica. Lakoff del que alguna vez he hablado aquí tiene un excelente librito sobre la cosa (no pienses en un elefante) que devalúa el valor del predicador económico y político.

Por mucho que uno enfatice la verdad o la muestre a los ciegos, si choca contra los marcos mentales del ciudadano o ciudadana receptor rebotará de tal modo que no solo seguirá ignorante sino que al predicador se le quedara cara de tonto. De lo que se deduce que no se trata de predicar sobre la verdad de la que somos portadores y vanguardia sino de construir una verdad para la mayoría que compatibilice nuestros ideales con sus visiones.

Así que la pregunta es si necesitamos hoy producir revolucionarios preparados para la víspera del derrumbe sistémico o necesitamos producir defensas del estado de bienestar. En política, amigos y amigas míos, acertar en la agenda es tan importante como acertar con el programa.

Vengo a decir que me parece que en tiempos de desorden, del sálvese quien pueda, lo revolucionario es precisamente el orden. Es decir, poner reglas de distribución de renta, de reparto de cargas y recursos, algo que por cierto rechaza la derecha más dispuesta que nunca a pasar renta de pobres a ricos.

Si la estrategia del permanente conflicto de IU es una estrategia del tipo “el ganador se lo lleva todo”, es probable que el Señor Garzón atesore innumerables verdades pero no muchos acólitos, porque el marco mental de la gente quiere, probablemente, en este momento, que no se traspasen las líneas rojas de la protección antes que lanzarse a ganar un nuevo paraíso.

La asesoría de magia de este blog comunica que Dumbledore ha afirmado: “la verdad (el conocimiento) es una cosa terrible y hermosa que debe ser tratada con cuidado”. No se me rían: el materialismo dialéctico tiene algo de pensamiento mágico.








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domingo, 4 de diciembre de 2011

A la calle, que el capitalismo se derrumba.

A la calle nos llaman las izquierdas. Los ministros de la magia de ambos conventos han deducido que vivimos tiempos oscuros, es innegable. Puesto que plural es esta izquierda se nos convoca con matices que reafirman su diferencia: unos nos llaman a peleas concretas; otros a permanente rebelión.

El líder temporal socialista, contratado por obra y servicio, un par de meses como quien dice, invitó a su afiliación a salir a la calle, escandalizado porque Cospedal privatizará la gestión sanitaria aprovechando una ley apoyada por los socialistas (la 15/97).

Mientras repartía planos a sus conmilitones para que recordaran la diferencia entre calle, carretera y despacho, olvidada desde que aquel día que dijeron de entrada no para luego decir si, cuentan que se le oyó murmurar: que razón tiene la derecha, que daño hace la memoria. Es que el hombre igual se tiene que quedar con la tienda y se le van a pasar cuatro años recordándole desaguisados como ese.

El líder de la izquierda verdadera debió cumplir más amplio proceso. Recuperar grupo parlamentario exige recuperar ancestrales y gloriosas tradiciones.

Así, su equipo se puso en contacto con la Monthly Review y Howsbam para constatar que se podía anunciar, esta vez de verdad verdadera, el último peldaño del capitalismo y su inevitable derrumbe. Posteriormente, se inició la penúltima conspiración para apartar a Coscubiela y Llamazares, que ocupan turno de los taimados reformistas mediáticos de siempre. Así, armados de teoría y praxis, se procedió a expulsar a una Federación de IU.

La tradición es la tradición. Cumplida esta, el líder henchido de nítida percepción estratégica anunció la debilidad del segmento financiero del capital y convocó a movilización permanente. Tiembla el capitalismo.

No cabe duda que el conflicto social será un dato del futuro que viene. Ahora bien; las movilizaciones que habrán de llenar el invierno de nuestro descontento necesitan referencias políticas más que convocatorias, que para eso nos bastamos solos como recientemente se ha demostrado.


Hace un mes apenas me preguntaba aquí ¿Si tú te peleas y yo me rebelo, ellos que hacen? De la izquierda necesitamos algo más que llamadas a la pelea o la rebelión. Que sean capaces de construir argumentos y propuestas políticas que impidan a las derechas traspasar nuestras líneas rojas.


Herramientas como acuerdos políticos, relaciones con los sindicatos y tejido social, estrategias parlamentarias, intervenciones ante órganos constitucionales, etcétera. Las instituciones están para algo más que para ser altavoces replicantes de nuestros cabreos.


Además de hacerle la pelota al 15-M, espero de las izquierdas propuestas para un futuro sostenible y distinto: ideas sobre Europa, sobre impuestos, sobre organización financiera, también sobre como o cuando pagar la deuda, todas esas cosas que deben hacer creíble y concreto nuestro cabreo social.


O sea, cosas que hacer mientras el capitalismo se derrumba.


sábado, 3 de diciembre de 2011

Una semana para matar el euro.

Terapia FMI es lo que nos viene. Recetas latinoamericanas para el que creyera que aquí nunca pasaría eso. Nada de pamplinas europeas.

Europa ha dimitido: el Banco Central Europeo prestará dinero al FMI para que este gestione la ayuda a los países en crisis. En teoría, le traspasa el riesgo (escaso, si hace falta capital los 183 países socios amplían). En la práctica, le traslada la gestión de la crisis.

Ventajas para Alemania: el Banco Central no intervendrá ni necesitará comprar eurobonos; limpieza territorial para el nuevo área de euro fuerte. Las dos velocidades ya existen; prepárense para la tercera. A los países formalmente intervenidos se suma Italia, sujeto de una intervención clandestina, y España en cuanto alguien tome el mando, y toda la zona de ampliación reciente. Los “mercozy” salvarán un euro mínimo y nos dejarán a los demás las terapias del FMI. Verdes las segaron, camaradas.

Europa pagará con una década, más o menos, el pato de la burbuja creada por los que ahora imponen la terapia. China, Usa, Japón, los Emiratos, observan con gracieta la pérdida de reputación europea. Prepárense para la refundación europea, señoras y señores, para el doble discurso conservador de los próximos cinco años: si quieres Europa, apriétate el cinturón que no tienes.

Este ha sido el terrible coste de las políticas de austeridad. Los deudores (que no eran ni los estados ni los ciudadanos, era la banca) nos han trasladado sus problemas, han contaminado las finanzas públicas y nos han responsabilizado del mal.

Los vecinos ricos del norte, los que ya nos hicieron pagar su unificación con crisis del sistema monetario, antes del euro, no han querido subir sus precios (interés, inflación) y nos han obligado a golpe de deflación a bajar los nuestros (salarios, renta, beneficios).

El problema de esta austeridad destructiva es que la competencia por los precios bajos (eso y no otra cosa es la obsesión inflacionista en los mercados) unida al endeudamiento de las empresas y el sistema financiero, hace imposible la recuperación económica: la trampa de la deuda se convierte en el cepo.

Ahora van a refundar el euro. Tienen una semana para matarlo. Los mercados rugen de satisfacción. Van calculando el tipo de usura que aplicarán a los que se queden fuera del club y los demás nos vamos preparando para ser, más o menos, como Túnez, por un poner.

Echemos la culpa a los especuladores, a los banqueros, a los de la burbuja. Pero en realidad nos ha traído aquí la ausencia de liderazgo político y la traición e inutilidad de las veinte mil vías de la socialdemocracia europea y patria, que había prometido contrapesar a los mercados . Ahora que se va, os lo aviso: os pasaréis años mentando a ZP.

Itziar me ha hecho conocer la frase más celebre del Ministro de la Magia: vivimos tiempos oscuros. Pues eso.